domingo, 23 de diciembre de 2012

LA PRISIÓN DE LAS DECISIONES

LA PRISIÓN DE LAS DECISIONES


   Hoy he decido que no voy hablar de la paleodieta, ni del entreno, ni de los suplementos, ni de las  hormonas, ni nada de eso;  quiero  dedicar este post a algo que para mí puede ser tanto o más importante que todo aquello, me refiero a las  DECISIONES, y aunque en un primer momento parezca  mostrar poca relación con los asuntos habituales de éste blog, veremos como en realidad si que la tiene.
  En la vida, no son pocas las veces que hemos de decidir entre varias alternativas, y cada una de esas decisiones supone un ligero cambio con respecto a la situación anterior, y esto puede suceder en un solo segundo, en unos minutos, o en mucho más tiempo para aquellas que requieren cierta meditación, pero en definitiva, nuestras ilusiones o deseos se configuran como los motivos más importantes que empujan a nuestra voluntad a su búsqueda.

  Pero,¿ por qué considero tan importante las decisiones? porque en función de las adoptadas, nuestra vida se configurará de un modo u otro, y esto en definitiva constituye la huella digital que nos define. Nuestros aciertos y nuestros errores no son más que decisiones adoptadas en un momento determinado, y los diferentes resultados, que para bien o para mal se dieron quedarán plasmados en el lienzo, que es nuestra vida.

   Las decisiones tomadas por necesidades de carácter físico, no suelen suponer trabas importantes para nuestro intelecto pues poca carga emocional las acompaña, sin embargo aquellas otras consideradas paradigmáticas, siempre conllevan una gran angustia, que nos hace presagiar el conflicto que supone abandonar las certidumbres mantenidas hasta ese momento y plantarse ante una encrucijada donde la decisión adoptada podría condicionar nuestra vida de forma permanente. Por suerte éste tipo de decisiones no acostumbran a ser numerosas, pero cuando aparecen suponen un desgaste emocional importante.

  Pero no me voy a referir aquellas decisiones que adoptadas en su momento, supusieron un avance en el sentido deseado, sino de aquellas otras, que remarcadamente constituyeron un resultado no pretendido, y que todos, absolutamente todos, en algún momento hemos tenido la desgracia de experimentar. Las consecuencias derivadas de ellas dependerán por un lado del error objetivamente cometido y por otro las implicaciones subjetivas que éste conlleva, es decir la personalidad de cada uno determinará finalmente el impacto real de una decisión. Cuántas veces hemos visto a personas degradarse progresivamente como consecuencia de una alternativa inadecuada, y otros en cambio mostrarse, aunque sea aparentemente, poco afectados. Ésto es de suma importancia, porque el error tiene una parte irreal que dependerá en gran medida de nuestra forma de ser. Y ésto hay  que tenerlo presente, porque, mientras que para unos los errores suponen una esclavitud prácticamente de por vida, para otros en cambio, con una mentalidad más abierta y dinámica se encuentran más capacitados para enmendar situaciones que se han tornado adversas. Y ésta capacidad para sobresalir o no de los errores, definen en definitiva nuestras posibilidades para ser o no, más o menos felices.

  Y por fin llegamos a lo importante...la felicidad. Nuestra decisiones pueden liberarnos o esclavizarnos, esa dualidad, en esencia, está relacionado con los aciertos o los errores, pero ya sabemos que una parte de ambos pertenecen a la esfera de lo subjetivo, significa ésto que un acierto no es todo lo bueno que en realidad es, y un fracaso no es tan malo como nosotros pretendemos creer. Y aquí es donde podemos, actuar; si nuestra subjetividad magnifica los acontecimientos, tanto para bien como para mal, tenemos un margen de maniobra para evitar que los errores cometidos en la vida, que serán muchos, se conviertan en una pesadilla insufrible para nosotros. Así pues, ante una decisión que se convierta finalmente en desafortunada, no hemos de mostrar una sumisión irremediable, sino todo lo contrario,  hemos de erigirnos ante el problema y valorar objetivamente el alcance real del mismo, para determinar las vías de escape, si es que las tiene, porque por desgracia, hay situaciones que pueden atraparnos completamente de por vida, por ello, si existe una alternativa habría que valorarla, y si no existe, y hemos de convivir con nuestro error de forma perpetua, hemos de procurar que la carga soportada no sea insufrible. Y ésto ¿cómo se consigue?, es complicado, pero cuando una situación se convierte en un callejón sin salida, e irremediablemente hemos de convivir con él, lo primero que haremos es averiguar el alcance real del mismo, para determinar el grado de exigencia requerido, es como de repente despertarse en una habitación completamente a oscuras y desconocida, donde en lugar de permanecer tendidos en el suelo, asustados y en posición fetal, decidimos levantarnos y caminar con los brazos extendidos para averiguar la dimensiones reales de nuestra estancia, y una vez conocido, podemos si queremos, aprender a convivir con el problema o por contra permanecer en la posición antes mencionada y dejar que la parte irracional del problema acabe por degradarnos completamente  . Nosotros decidimos, pero estamos obligados a actuar, y si lo hacemos en la dirección correcta mucho mejor.


   Quizás hablar de manera tan ambigua se vuelva difícil de entender, por eso vamos a buscar ejemplos concretos, imaginemos por un casual, que por culpa de los errores cometidos en nuestra vida (físicos o emocionales), y sin nosotros haberlos pretendido (o sí), hemos generado finalmente un problema de salud, como podría ser una diabetes tipo II (por no hablar de enfermedades más graves); ésto, como ya sabemos, se convierte en un problema definitivo, pero si determinamos el alcance real de la enfermedad, sin las añadiduras subjetivas que tienden a menospreciar o sobrevalorar las consecuencias, podremos actuar con eficacia, para reescribir nuevamente nuestra vida y adaptarla a las nuevas exigencias que la enfermedad impone. Al final, de lo que se trata es de poder salir de una situación, si es posible, pero cuando ésto no puede ser, debemos adaptarnos a la prisión que el problema en sí determina. Hemos de saber, que todos, absolutamente todos, vivimos con las limitaciones que nuestro propio cuerpo y las circunstancias personales nos imponen, y que constituyen en definitiva la huella digital que establece los limites reales de nuestra prisión.

   Nuestros aciertos y nuestros errores, son sin lugar a duda, los que más contribuyen a establecer las dimensiones de nuestra celda, y por muy bien que lo hayamos hecho en la vida, siempre estaremos dentro de una. Por otro lado, la dimensión de la misma no implica consecuentemente el grado de satisfacción de cada uno, ésto es importante tenerlo en cuenta, porque si nuestras circunstancias nos abocan a una reducida, no por ello se debe suponer una reducción de nuestras expectativas, es por éste motivo que muchas veces vemos a personas que parecen tenerlo todo y aún así vivir angustiados, y por contra personas que lo han perdido todo, y mostrarse aún felices e ilusionados.

    Cuanto más valoración subjetiva adosemos a un problema, más posibilidades tenemos de impactar de forma negativa en nuestra salud (sabemos como daña el estrés crónico), por ello, hemos de tener en cuenta que mientras algunas decisiones pueden afectar directamente a nuestra salud, por ejemplo cuando decidimos llevar una dieta alta en azúcares, otras decisiones que a priori, poco o nada tienen que ver con ella,  como podría ser llevar una relación sentimental con una persona, la elección de un trabajo, comprar una casa, o un coche, etc, etc,podrían trasformarse el día de mañana, en unas de esas decisiones equivocadas que al llevar adheridas mucha carga emocional podrían finalmente impactar en nuestra salud deteriorándola indefectiblemente;  por eso la próxima vez que lleguemos a una encrucijada en nuestra vida es importante valor mucho los pros y los contras de las distintas alternativas que se presentan, pues lo que muchas veces realizamos de manera espontánea y caprichosa, sin la consabida meditación que ciertas decisiones requieren, puede convertirse el día de mañana en una celda muy, muy, muy pequeñita, tan pequeñita como una tumba. Por eso más vale prevenir que luego tener que lamentarse.


No hay comentarios:

Publicar un comentario